Testimonios

 

Si quieres colaborar, puedes enviar tus textos o comentarios a "devezencuento @ yahoo.es",
poniendo en asunto Buzón de Rosa, o colgarlos en la última entrada del Blog de Rosa



La vida a veces...
por Concha González

A Rosa
por Rocío González

Rosa, Rosae
por Paca Arceo

Rosa
por Carmen Barrios

Rosa con mayúsculas
por Francisca Barrios
Una persona feliz
por Maribel García
Una luchadora
por Carmen Sesé
La última lección
por Ramón González
Mi querida amiga
por Ana Sánchez
Singing in the rain
por Luis Solance
Una persona cercana
por María Teresa Perona
Rosa forever
por Elena
Recordando a Rosa
por Nuria
Carta a Rosa
por Lolilla
 
Rosa en mi corazón
por Mely
 

 

 

La vida a veces...


La vida a veces se para en seco estrangulándonos la respiración y el fluir natural de cosas.

Fue la mañana de un jueves soleado de febrero, cuando mi vida cambió para siempre en el momento en que Rosa y Chico fueron a mi trabajo arrastrando el peso infinito de una sentencia de muerte en forma de informe médico.

Ese mismo día mi corazón tomó la decisión más sabia que jamás habré tomado -aunque no todo lo el mundo lo entendiera-, dejar de trabajar para cuidar a Rosa y disfrutar del tiempo juntas lo que la vida y la muerte nos permitieran.

Los nueve meses siguientes han sido duros y las últimas semanas desgarradoras, cuando la luz de sus ojos empezó a apagarse, pero el largo proceso ha tenido también su lado bueno. Hemos podido disfrutar de largos paseos bajo una hermosa primavera, hemos reído y llorado juntas infinidad de veces, hemos hablado tanto y nos hemos dicho tantas veces lo mucho que nos queríamos, que no ha quedado una sola palabra por decir ni un solo gesto de cariño por mostrar. Ha sido una larga y pausada despedida.

Desde adolescente, mi relación con Rosa ha sido especial. Mas allá de ser mi hermana era mi mejor amiga, mi cómplice y confidente, mi norte y mi sur, mi principal soporte y el mayor lujo en mi vida.

Ahora es mi ángel y mi sombra, la que va siempre conmigo. Su esencia impregna mi piel y su generosidad y entereza me dan la fuerza y serenidad necesarias para seguir adelante, para disfrutar por ella de cada día de lluvia o de los colores de la primavera, para verla siempre con los ojos del corazón, sonriendo a la vida.


Concha González Colilla

 



A Rosa


A finales del mes de septiembre, en uno de los habituales paseos con Rosa por el parque, me comentó, con su impecable, convincente y emotiva dialéctica, que quería empezar a escribir sobre nuestra familia, y en particular sobre ella misma, para que las niñas Emma y Sara, tuvieran las referencias familiares que tanto gusta encontrar cuando, ya mayores, todos hurgamos en nuestras raíces. Me dijo que ella iría anotando en su blog algunos fragmentos, aparentemente inconexos de su vida, a modo de apuntes, para que Concha, Chico, sus amigas, yo, etc., siguiéramos ampliando el relato (rememoraba ella emocionada la tarea de Isabel Allende para Paula).

La última semana de octubre, una vez que hubo renunciado a la quimio alternativa que le propusieron, “disfrutamos” todos junto a ella, de la indeleble experiencia de su despedida. Rosa tenía, entre otros muchos, el don de saber colocar las cosas en su sitio aplicando siempre su incuestionable sentido común, que en combinación con un corazón enorme, quiso y supo hacernos el regalazo de expresarnos la serenidad risueña y lúcida de su ya deseado “viaje al extra mundo”.

Esta fortuna, por enriquecedora, admirable, sorprendente, generosa y brillante, trataremos de trasladárosla a todos los que visitéis este apartado de “De Vez en Cuento" dedicado a Rosa. Ha sido toda una lección de vida que nadie debería perderse.


Rocio González Colilla

 

 

Rosa, rosae

Conocí a Rosa, hace muchos años en un gimnasio de nuestro barrio, en el que todos —en un principio— eran hombres, excepto nosotras dos. Como los hombres cuando están juntos, se amparan unos a otros para ver quién la dice más gorda, pues así hacían y se pasaban toda la hora, que solíamos estar, tratando de amedrentarnos con las muchas sutilezas que soltaban.

Lo cierto es que no sabían con quienes se jugaban los cuartos —en este caso no se trataba de dinero sino de adelantarnos a sus intenciones y dejarles: la mayoría de las veces, con la boca abierta y sin palabras—. Como es lógico nosotras nos subíamos a los altares y, como eran algo lentos a la hora de la réplica, ganábamos el partido por goleada.

He de reconocer que no tenían mal perder. De hecho, hasta nos aplaudían, aun cuando lo hicieran en sordina.

Durante bastantes años, acudíamos a esa birria de gimnasio por estar todos juntos y reír y reír, casi constantemente: sin olvidar que nuestra ideología no tenía nada que ver con las de ellos.


Rosa con Paca en el parque de la Fuente del Berro
(Foto: JRT, primavera de 2013)


Un día tuve que dejarlo porque me habían contratado para dirigir unas colecciones de novelas para vender con El País y, empezaba a trabajar antes de las 7 de la mañana y muchos días volvía a casa cerca de las 12 de la noche. A pesar de ello Rosa y yo, seguimos en contacto y quedábamos para tomarnos un café o comer juntas. Nos poníamos al día, contábamos lo que no sabíamos, la una de la otra, y se nos pasaban las horas muertas, como si estuviéramos en la cinta corriendo, a la par de la conversación y estando al quite de los piropos de nuestros hombres.

Así seguimos durante muchos años, sin dejar de saber la una de la otra. Sin embargo, no hace mucho, Chico o Concha, me llamaron para decirme lo que pasaba. Ese mismo día fui a verla y, como siempre, nos animó. El pronóstico era desolador pero, con esa coherencia personal que ha tenido a lo largo de los años, de su vida entera (al menos desde que yo la conocí) ya había tomado una decisión.

Es verdad, que en estos últimos meses ha sufrido mucho. Pero no por ella, sino por Chico, por sus hermanos, por sus amigos y, sobre todo, por saber a lo que se enfrentaba: un deterioro caminando a pasos agigantados y viendo sufrir a su familia.

Cuando empezamos los domingos a ir caminando hasta la Quinta de los Molinos, Rosa me hablaba de su estado de ánimo, semana a semana, sin perder, al principio, la esperanza de que un giro espectacular arreglara las cosas.


Rosa con Paca en el parque de la Fuente del Berro
(Foto: JRT, primavera de 2013)


No ha sido así y ha optado —eso lo tenía claro desde siempre— dejar de sufrir y de que sufrieran los que le han acompañado en este largo y doloroso viaje.

Sin embargo, aunque la historia final es muy triste, yo tengo el pálpito de que allá donde sus pies la llevan, va a seguir ejerciendo de buena profesora, de amiga inquebrantable y hermana estupenda y enamorada de Juan, por siempre jamás.

Amiga, busca a Juantxu a través de esos caminos desconocidos, porque podréis hablar de literatura y de cine y seguir arreglándonos este endiablado mundo por el que todavía, nosotros, los de aquí, seguiremos, un poco más, transitando.

Te echo de menos, y el árbol, añora tus abrazos y palabras.


Paca Arceo

 

 

Rosa

Hoy he estado comiendo en un sitio que se llama “En busca del tiempo”. Era un lugar un tanto recargado, con muchos objetos colocados en las paredes, objetos viejos, fuera de uso, de esos que parece que hubiera que buscar muy dentro del tiempo para encontrarlos. En la parte de arriba, en el salón superior estaba colgado, en alto, en la pared frontal el espejo de un aparador antiguo, de esos que tenían nuestras abuelas y que con frecuencia era el mueble más importante del salón de la casa.

Me he sentado en la mesa de cara a la pared en la que estaba el espejo del aparador. Como tengo una memoria fotográfica que es una bendición, lo que ven mis ojos se queda ahí registrado dentro de mi cerebro, y como si se tratara de un archivo mágico cuando veo algo que tiene relación con otra cosa que he visto antes, esas imágenes se conectan y veo las dos juntas, relacionadas ahí, en mi cabeza, sin saber por qué. El caso es que, como hacía pocos días que había visto las fotografías de Rosa y me había fijado en una de ellas en la que estaba tumbada en una cama en el suelo, cuyo cabecero era el espejo de un aparador de salón antiguo, inmediatamente la imagen del aparador en la pared del restaurante me ha conectado con Rosa. Ha sido como si cayera por un tobogán del tiempo, del espejo del restaurante a la habitación de Rosa. Además, me ha conectado por un doble motivo, yo también tuve una cama en el suelo con un espejo antiguo de cabecero.

Tengo que decir, que no tuve la suerte de conocer a Rosa. Ni siquiera conozco personalmente, más allá de este blog y del correo electrónico, a Juan. Juan me invitó un día a participar en él con unas fotos y unos textos que había visto en una galería en la que se exponía mi trabajo y desde entonces sigo este blog y también sigo un poco su vida, y ahora la de ella, la de Rosa, a quien he conocido a través de esas preciosas fotografías en blanco y negro que ha colgado Juan.

Me ha gustado mucho el aspecto de Rosa, porque me ha recordado a mis amigas de la universidad, a mi piso compartido con mi novio de entonces y un amigo de él, ahora más amigo mío que de él, que ya no somos amigos de él ni el amigo ni yo, pero esa es otra historia, el tiempo, siempre el tiempo, rueda y a veces coloca las cosas en su sitio. Las fotografías de Rosa me han conectado con esos días de finales de los ochenta en los que la tele era en blanco y negro y no la veíamos apenas. Esos días en los que participábamos en política (yo militaba en las juventudes comunistas, y muchos de mis buenos amigos siguen siendo los de entonces, menos mal) y acudíamos a las asambleas universitarias y parecía que el mundo era nuestro y que el tiempo nunca nos iba a alcanzar. Me ha gustado entrar en casa de Rosa, llena de estanterías y libros y cosas en las paredes y plantas y una mesa camilla con faldillas para poder charlar largo y tendido con los amigos y las amigas sin pasar frío. Me ha gustado de verdad entrar en ese tiempo de Rosa, tan nuestro, de nuestra generación (tengo 48 años, se que Rosa tenía diez más, pero diez años no son nada) porque me ha conectado con ahora, cuando se abre un tiempo un poco precario, en el que estamos teniendo otra vez que pelear por lo que importa. Y otra vez nos volvemos a reunir en las casas alrededor de la mesa, con la tele apagada -porque no se puede ver, aunque tenga colorines e incluso se proyecte en tres D, pero no se puede ver, la mayoría de los días es un insulto a la inteligencia tras otro que no hay quien digiera- y volvemos a las asambleas, ahora de barrio, en la calle y a las manifestaciones para que no nos quiten la educación a los hijos, para defender el trabajo digno, la sanidad pública, para defender las pensiones dignas…en fin…las fotografías de Rosa me han recordado cuando éramos auténticos. “Auténtico” era la palabra preferida de uno de mi pandilla al que llamábamos “el negro”. A este sí que hace tiempo que no veo ni sé nada de él. “El negro” sí que se me ha perdido en el tiempo.

Otra cosa que me ha gustado de Rosa es que tiene la cara redondita y mofletes, siempre me ha gustado la gente con mofletes, sobre todo las mujeres. Las mujeres con mofletes suelen ser más amables, más cercanas. Por lo menos mis amigas. También me ha gustado su pelo negro, un poco rizado, y que se ríe con los ojos. Reírse con los ojos es una virtud que encandila, por lo menos a mí, me encanta la gente que se ríe con los ojos, así sin hacer nada, solo con una mirada te transmiten una felicidad que proporciona mucha seguridad, te acaricia. Yo tengo la suerte de compartir mi vida con un hombre que se ríe así, con los ojos, y sé lo que digo. Le conozco desde que teníamos 17 años y siempre se ha reído con los ojos, es auténtico…otra vez me ha salido la palabra de “El negro” en este texto. También mi hija Paula sabe reírse con los ojos, aunque los ojos de mi hija son profundos y negros y cuando está triste tiene esa tristeza antigua y como de plomo, la misma tristeza que pintaba en los ojos de sus modelos Julio Romero de Torres, que pintaba mujeres guapas pero de mirada triste. Mi hija tiene ese poder, sabe reírse con los ojos y sabe tener la mirada más triste.

Ya digo que no he conocido a Rosa, pero en las fotos parece una persona vital, y positiva. Y me metí en su blog y por lo que escribía, sí, creo que era positiva. Porque además se ríe con los ojos.

Comparto con ella algo que escribió en su último post, decía algo así como que esperaba que la recordaran por ser buena persona y que se sentía bien, porque durante su vida había querido. Ser capaz, o tener la suerte de poder querer y ser buena persona, ¿se puede aspirar a más?.

Carmen Barrios, para Rosa, a quien he tenido el gusto de conocer un poco gracias a Juan.

Madrid, 21 de noviembre de 2013


Carmen Barrios Corredera

 


 

ROSA GONZÁLEZ COLILLA CON MAYÚSCULAS
DONDE QUIERA QUE ESTÉS,
CON MUCHÍSIMO CARIÑO PARA TI, PARA SIEMPRE


Nos conocimos al empezar a estudiar magisterio.Tú con veintiún años, yo con dieciocho. Ya descubrí que eras una persona especial, tus ganas de aprender, de conocer, trabajabas mientras estudiabas, tus protestas ante las injusticias, reivindicaciones, tu sensatez, coherencia...; recuerdo que un día en clase de dibujo (de 2º o 3º) el profesor nos había dicho que no nos pondría nota porque era una asignatura muy personal, subjetiva de evaluar....y cual fue nuestra sorpresa que nos puso nota y encima  numérica; pues allí saltas tú, Rosa, y le dices al profesor cuatro verdades; pensé ¡qué valiente es!. Luego tus viajes a Londres (volvías con tus calcetinitos de rayas), tus aventuras, experiencias. Estudiábamos en mi casa  o en la tuya con tu calentita faldilla, preciosa, de la mesa camilla que cosió tu inolvidable madre. Cuando he visto las fotos que ha colgado Chico recuerdo un jersey que tenías azul marino con unos muñequitos que también te cosió ella. Me invitabas a tu casa de Alberche, conocí a  tu familia, la casita de la piscina, en el verano y siempre volvía a Madrid con algún obsequio.




Rosa y Francisca estudiando en casa
(Foto: JRT, 1981-1982)


Jóvenes y con pocas pesetas  nos fuimos en auto-stop con tu hermana Concha a Zaragoza, Gandía, Lérida, Barcelona..., ¿recuerdas cómo nos bañamos en un río?, ¡vaya viaje!, ¡qué recuerdos!, fiestas en casa, tus clases de ballet; contigo descubrí la calle Libertad, Clamores, el café Ruiz, el café Central, el barrio de Malasaña,....entonces conociste a Chico. Luego la ciudad preciosa de Praga donde tenemos una foto que nos encantaba a las dos.


Rosa y Francisca--------------Praga, Sept. 1996


Contigo fui a las primeras manifestaciones, primero de magisterio luego continuamos por la educación  pública; tú estudiaste filología inglesa, yo hispánica; tú en la E.O.I., yo en C.E.I.P., siempre quedando para tomar un café y charlar y charlar. ¡Cómo te gustaba hablar y contarme cosas, y yo que tampoco me quedaba corta,  hacía que nos quitásemos la palabra, o que unas se amontonaran sobre otras y tú decías: ¿y lo bien que nos lo pasamos?. Y es verdad, me encantaba hablar contigo... no sé cuántas horas pasábamos contándonos cosas.

Tengo tantas cosas tuyas Rosa... Voy a la cocina y veo la cuchara de boj; en la vitrina: platos de cerámica talaverana, libros que me trajiste de Londres, collares, pendientes, camisetas....siempre algo de tus  largos e interesantes viajes, pero sobretodo tu amistad, tus ánimos, tu comprensión, siempre me decías ¡no te preocupes!. Aunque ha habido temporadas que nos veíamos menos, yo sé que siempre estabas  ahí para ayudarme, acogerme, escucharme....Hace dos o tres años quedamos en Moncloa para tomar un café en el bar de Khalid y te dije que nos veíamos muy poco, entonces tú con una enorme sonrisa a punto de coger el autobús me dijiste: pero siempre te llevo en mi corazón. Igual que yo, ahora, siempre, siempre estarás en el mío.




Rosa con Francisca en los alrededores de El Paular (Madrid),
primavera de 1982


Para ROSA, ejemplo de esfuerzo, trabajo, honestidad, bondad, generosidad y coraje.


Francisca Barrios



 

Una persona feliz


Juan: Ha sido muy emocionante para mí ver las fotos de Rosa.

Para mi Rosa siempre fue una persona sonriente, feliz y con una mirada limpia y profunda y que me trasmitía un cariño y una amistad auténtica y muy profunda. Cuando hablaba de cualquier persona o cosa lo hacía con un profundo respeto y consideración y aportando valor a lo que decía. He sentido su pérdida como algo de un gran valor que se va, con una gran pena por no haber podido compartir con ella más tiempo y poder seguir disfrutando y aprendiendo de ella. El día de su entierro la sentí como si continuara siendo feliz, como si no se hubiera muerto, como si fuera una continuación a la vida que había vivido. Igual de sencilla y discreta que vivió, así se fue. Los sentimientos no mueren cuando alguien se va, por eso la seguiremos queriendo y recordándola.


Maribel García Fajardo

 

 

Una luchadora


Querido Juan:

Estoy desolada. No sabes cuanto he pensado en vosotros todo este tiempo. No tengo palabras suficientes para expresarte lo mucho que lo siento, por ella, por ti, por todos los que perdemos tanto con su ausencia. Nos queda su magnifico recuerdo, de una persona extraordinaria, llena de energia, de alegria, de sentido del humor, de bondad, de sensibildiad. Su imborrable sonrisa con la que siempre que pienso en ella me la imagino. Rosa pasa a mi galeria de queridos ausentes (mis padres, mis tios, mis dos hermanos y muchos otros seres queridos que se han ido) a los que todos los dias les dedico un pensamiento de amor para que sigan viviendo conmigo.

Juan, si podemos hacer algo por ti, dinoslo por favor. Nos hemos visto pocas veces pero hay un lazo fuerte de cariño y amistad contigo, con nuestra querida Rosa. Ha luchado bravamente, con gran entereza, dejando un gran ejemplo de como enfrentar este trance. Se ha ido como vivio, como una luchadora. Los mismos sentimientos los comparte Enrique asi que te escribo en nombre de los dos. Si le haceis algun tipo de homenaje o acto de recuerdo, dinoslo por favor.

Un fuerte abrazo con toda nuestra amistad


Carmen Sesé

 

 

La última lección de Rosa


...Nada, sólo llamaba para darte una "pequeña mala noticia", tengo un tumor cerebral.

De esta manera fue como Rosa me comunicó su enfermedad, sin ruidos, tranquila, suavemente para evitarnos preocupación, a pesar de tener conciencia de la extrema gravedad según el resultado del TAC.

Desde la infancia, mi vida y las de mis hermanas habían transcurrido paralelas pero algo distantes, consecuencia sin duda del medio y otras circunstancias como estancia en internados, trabajos veraniegos, diferencia de sexo, etc, pero nada de esto ha evitado que conozca a fondo a mi hermana y haya podido valorar su grandeza. Rosa era una persona racional, simpática, cariñosa, trabajadora... pero sobre todo generosa.

Ha sido en sus últimos días cuando he podido disfrutar con intensidad de ella como antes nunca lo había hecho. Por el estado en que se encontraba me fui una semana antes de su anunciado final para compartirlo. Paseábamos todas las tardes un ratito por el parque Calero, cerca de su casa, sujetando sobre mi brazo derecho su lado izquierdo ya maltrecho. Me impresionaba su tranquilidad, sus sonrisas, la evocación de recuerdos lejanos que me hacían reír y que alternaba con tarareos en inglés. Yo alucinaba, pero actuaba con la misma naturalidad con que lo hacía ella, bromeábamos y reíamos.

Los paseos se fueron acortando y su estado empeoraba por momentos, pero su sonrisa y algún tarareo se esbozaba en su rostro relajado, con los ojos cerrados mientras nos decía lo serena y en paz que se sentía, inmóvil en el sillón, ya deseando la muerte.

Sus últimos momentos fueron de agradecimiento a la vida y a los que la rodeábamos, también tuvo un recuerdo para los niños de su querida África, cuya mirada se llevaba como el tesoro más preciado de esta vida.

Gracias Rosa. Un beso.

(Mi agradecimiento a Juan y Concha que sufrieron como nadie la enfermedad).


Ramón González Colilla

 

 

Mi querida amiga


Se había muerto Franco cuando la conocí y nos tomábamos un café en el bar de la Escuela de Islas Filipinas. Yo soy de 1951, mayor que ella, había optado por estudiar Magisterio después de pasar tres cursos en Medicina… y un año en una comuna. Estaba malmaridada con uno de Rute que hizo Políticas y tenía olivos.

Hablar con Rosa me estimuló para ir a la Escuela, era una mujer alegre y yo arrastraba una resaca existencial. Su forma de vida hizo plantearme que debía ser más responsable y sacudirme las telarañas de una vida insatisfecha.

Me resultaba extraño que compartiera piso con gente que conocía desde Alberche, yo tenía auténtica aversión a mis raíces y derrochaba energía para desprenderme de lo familiar.

Todavía ahora me pregunto ¿por qué me hizo caso?. Yo era una persona tóxica a la que solo interesaba la extravagancia y el escándalo. Soportarme era un asunto pesado, pero tejimos con su paciencia y entusiasmo una sólida relación y me fui contagiando con su espíritu festivo.



Rosa y La Sánchez en nuestra casa
(Foto: JRT, primeros 80)


Terminó Magisterio mucho antes que yo, aquella carrera me resultaba un plomo y era difícil encontrar amistades cuando eras extraña en clase. Rosa ya trabajaba y cuando por fin obtuve el título me proporcionó trabajo en un colegio “inolvidable”. Al otro lado del Parque en unos bajos que no reunían las condiciones, nos aplicamos “a cambiar el mundo” con los niños más variopintos del barrio.

Seguramente éramos la oferta educativa más moderna y experimental. Corrimos mil aventuras y recuerdo una ocasión en que Rosa me ¡salvó! de una madre airada que quería sacudirme. Ninguno de nuestros alumnos tenía mucho porvenir pero resultaban una fuente de inspiración en aquellos años locos.

El colegio se cerró cuando ganó las elecciones F. González y el amo murió…. Yo me marché al Machu Pichu y Rosa a preparar oposiciones. Rosa se ríe… en aquellos tiempos yo creía en los extraterrestres y ella se había echado un novio que era ingeniero, je, je.



Rosa con Ana Sánchez y Miguel en casa
(Foto: JRT, abril de 1997)


Ana Sánchez

 

 

Singing in the rain


Para los que tuvimos la suerte de conocer a Rosa, el homenaje que le dedica DVEC, no sólo nos sirve para descubrir fotos o historias que no conocíamos, sino para recordar y disfrutar instantes que sabíamos o de los que formamos parte en su momento, pero que ahora estaban perdidos en la niebla del olvido.

Agradezco mucho a Chico su trabajo por mostrarnos de una forma tan bella retazos de la vida de Rosa, consiguiendo emocionarnos al hacernos llorar y sonreír a la vez. Además, estoy seguro de que a él le está sirviendo como terapia balsámica en estos duros momentos, los que tan poéticamente describe Gianmaria Testa como “giornate scure di quando il mare e il cielo dicono di no e non si può viaggiare “, y en los que hay que recurrir al “canarino canterino” que todos llevamos en nuestro interior.

Son también varios los testimonios sobre Rosa que, al tiempo que permiten a su autor un desahogo y una ofrenda, contribuyen a construir su recuerdo describiendo, al modo de cada cual, las diferentes facetas de su carácter, las que han estado ahí siempre y las que se han manifestado con más intensidad si cabe en esta última etapa, en la que algunos hemos tenido la enorme suerte de compartir momentos con ella.

Mi aportación al mosaico que estamos elaborando entre todos, se fija ahora en dos de las más importantes para mí.

La primera es la capacidad que tenía para aconsejar cuando alguien lo necesitaba.

Si le pedías opinión sobre alguna cuestión que te preocupaba (otras veces simplemente lo hacía motu proprio), tras unos momentos de concentración o deliberación interna en los que parecía que se detenía el tiempo, siempre tenía una sabia opinión que ofrecerte, un punto de vista práctico y unas palabras que te ayudaban y consolaban.

El otro aspecto que me gustaría citar es el de su alegre optimismo.

De las muchas veces que lo pude experimentar a su lado, quiero recuperar el tiempo en que fui alumno suyo en la EOI de San Fernando. Aquel curso en el que me refugié para sobrellevar la ausencia temporal de Bego, que andaba ocupada en tareas humanitarias en Marruecos, no sólo experimenté en primera persona sus dotes como profesora: conocimiento, dedicación, recursos didácticos, dinamismo, entusiasmo, expresividad, capacidad para motivar y divertir, etc. etc., sino también esa energía con la que se enfrentaba a la vida en general y a su querida profesión en particular, y que le hacía empezar y acabar cada clase con una sonrisa.

Quizás así se explique que en los momentos difíciles la evoque sonriente mientras me habla de la última puesta de sol que ha visto, o de como cantaba limpiando los cristales de las ventanas uno de esos días de lluvia que tanto le gustaban (londinenses les llamaba yo), y en los que indefectiblemente me sigo acordando de ella.


Luis Solance Martínez





Una persona cercana


Escribir o recordar a Rosa, me produce dolor y lágrimas. La conocí, al principio, por las palabras bellas de Juan; más tarde, directamente, unas cuantas veces y alguna por teléfono.

La cara era muy alegre, sonreía siempre y enseguida se interesaba por.......¿cómo estás tú?.

Hace unos meses supe por Juan de su salud quebrantada. Pasó algún tiempo (no mucho) y Rosa "se había ido". Me quedé aturdida, pero..... esa era la realidad. Enseguida pensé: "una persona no debe morir a los cincuenta y..." (igual que mi madre). Así que a Rosa, hasta que yo desaparezca, la recordaré como una persona cercana (así se lo comenté a Juan), sin haberlo estado tanto.

No conozo a Concha, algo sé por Juan; puedo decir que lo he sentido de verdad y a Juan que le vaya lo mejor posible en este mundo tan "extraño".

Un beso


María Teresa Perona

 



Rosa forever

(Extraído del blog de Rosa)


Cuando una amiga me dijo que Rosa estaba enferma, me afectó mucho. ¡Lo que hubiera dado por haber encontrado este blog antes! Desde que esa misma amiga me dio la noticia de que nos había dicho adiós para siempre, Rosa no ha salido de mis pensamientos. Así que hoy, me he puesto a navegar por internet, con la intención de buscar algún posible homenaje a Rosa y, no sólo me he encontrado con su blog, sino que también con la preciosa iniciativa “De vez en cuento”. Digo que me hubiera gustado encontrar su blog antes, porque al leer el post de despedida me he preguntado cómo es posible que Rosa dudara de que fuera una excelente profesora y una gran persona. Tuve la gran suerte de ser su alumna. Ha sido una de las mejores profesoras que he tenido nunca. Trabajadora, organizada, siempre con una sonrisa, siempre dispuesta a ayudarte, siempre motivándonos… Aún conservo apuntes y redacciones que me corrigió. Me gusta consultarlos de vez en cuanto, porque me siguen siendo de gran utilidad. Sus clases eran amenas y le gustaba premiar el esfuerzo. Nos alentaba a leer en novelas en inglés, ponernos retos, superarnos y aprender. Cuando dejé de ser su alumna y me la cruzaba por el pasillo, siempre me llamaba por mi nombre y me preguntaba qué tal me iba todo. Eso ya decía muchísimo de ella. Simplemente, se hacía querer, se ganaba el cariño de sus alumnos y su alegría y positivismo eran contagiosos.

Me gustaría mandar muchísimo ánimo a sus familiares y amigos, especialmente a Chico. Ella siempre estará con vosotros y estoy segura de que le encantaría que la recordásemos con una gran sonrisa.

Gracias por acercarnos un poco más a Rosa, para que todos los que un día la conocimos y coincidimos con ella (más o menos tiempo) podamos conocerla mejor y recordarla siempre.

Rosa forever.

Elena

 



Recordando a Rosa


!Cuántas veces he recordado a Rosa en estos últimos meses! y también a los familiares y amigos más cercanos a ella que tanto la han debido añorar.

Pero especialmente me acuerdo de ella en estas tardes de primavera, cuando el cielo oscurece por una tormenta pasajera y al otro lado luce el sol regalándonos un arcoiris. Así fue el pasado sabado, volviendo del teatro y bajando por Castellana dirección Cibeles. Eran las 21.00 h., el edificio de Correos (actualmente nuestro Ayuntamiento), resplandencia en contraste con el cielo gris que le enmarcaba, cuando miraba por el retrovisor veia el cielo azul a mi espalda y el sol iluminando y haciendo más intenso el blanco de la fachada. Me sentia en un escenario único, diferente, misterioso, creo que a Rosa le hubiera gustado, enseguida pensé en ella. Hice una foto desde el coche, en la que por supuesto no se aprecia la mágia del momento, pero aún así la envío junto con otra de un pedacito de arcoiris que ya llegando a casa apareció como un regalo más del día.


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A la izquierda, Ayuntamiento de Madrid, y a la derecha, paisaje con arco iris
(Fotos: Nuria, mayo de 2014)


Nuria, alumna de Rosa




Carta a Rosa


Queridísima Rosa:

¿Te acuerdas que me gustaba llamarte Mma Ramotswe?. Es porque ese personaje me impactó, enamoró y enganchó desde el primer momento, igual que me pasó contigo.

La primera vez que te vi fue cuando irrumpiste en la clase de Eva de Andrés, que me daba primer curso; hablaste algo con ella en Inglés y me asusté porque yo nunca había oído más de tres palabras seguidas en ese idioma. Pensé: por Dios, que la profe de pelo blanco no me toque en ningún curso.

Pero tuve suerte, mucha suerte y te tuve dos cursos seguidos. Lo primero que hiciste es plantarme un libro en las manos para que lo leyera, y así me enteré de que era capaz de leer libros en Inglés. No tuve miedo, con tu permanente y cálida sonrisa, que jamás olvidaré, me tranquilicé.

¿Te acuerdas el segundo curso que fui alumna tuya?. Puse el cartel con mi nombre, tu hablabas de espaldas a mí y al girarte y ver mi cartelito te echaste a reir...

Un día comentaste que te ibas a Londres el fin de semana y pregustaste que si alguien quería un regalito; callé al principio, pero conscientes ambas de que difícilmente yo iría a Londres alguna vez, me armé de valor y fui a la sala de profes a decirte cuánta ilusión me haría si me traías algo. Y lo hiciste. Tengo una hucha de cabina telefónica inglesa super chula… Luego, cuando empecé a dar clases, me animaste a que ahorrara para poder viajar a Londres. Al año siguiente te dije: estoy ahorrando, y antes de que me diera cuenta organizaste el viaje, me llevaste y así cumplí mi sueño. ¡Qué bien sabías que o iba contigo o no iba!. En cambio tú, como te comenté en una ocasión, ibas más veces a Londres que yo a Coslada….


Rosa y Lolilla en Londres (Mayo, 2009)


Cuando dejaste de ser mi profe tuve celos de tus nuevos alumnos, pensé que yo nunca te olvidaría pero que tú no ibas a acordarte de mí, una más de todos tus alumnos. Por cierto, ¿sabes que el edificio de la escuela sin ti es sólo un edificio?. No tiene alma, es un espectro, ya no me gusta.

Una charleta contigo me costó sacar malas notas. ¿Recuerdas que el malvado profesor que tenía me bajó la nota porque me vio hablar contigo….?. Me estabas contando que hacías un dieta nueva, que el día anterior habías cenado acelgas y media lata de sardinas !!!. Me dieron escalofríos mientras tú, con tu amigable sonrisa, decías que no estaba mal….

El día que llamaste a María para decirle tu nueva situación, yo, mientras lloraba, no paraba de pensar que te habías acordado de mí entre el montón de alumnos, que yo para ti fui importante. ¡Dios mío, qué mezcla de sentimientos!: tristeza profunda y orgullo de ver que yo también era especial para ti.

Podría reproducir casi todas nuestras conversaciones, por supuesto recuerdo perfectamente cada anécdota que compartías de tus viajes, de tu vida…, que me parecía increíblemente perfecta. Que Chico se plantó en tu casa hasta saber cuándo y que aún no se sabía hasta cuando sería lo vuestro. Que cuando ibais a ir Egipto y estabais preparando el viaje, Chico se hizo una segunda carrera (Madre Mía, le admiré tanto….y repetí la historia a tanta gente….). La partida de tu madre, tan especial…. El cáncer de tu hermana y el de tu cuñada, que contabas con una sonrisa y una naturalidad pasmosa. El fin de semana en Estambul, finde de chicas dijiste…. Y yo pensaba, te lo juro Rosa, lo pensaba, que tú estabas por encima del resto de los mortales, que nunca nada malo te pasaría; no, a ti no, a todos los demás menos a ti.

Quédate tranquila, has regalado sabiduría, amistad, sonrisas; yo he aprendido tanto de ti…. pienso en ti casi a diario. Qué valiente y que libre has sido siempre…., qué distinta a mí….; por eso no puedo más que admirarte infinitamente…. Rosa, siempre te querré, eres un ejemplo a seguir en todos los aspectos de la vida. Ah!, y a mí también me gusta dormir oyendo la radio toda la noche.

Hasta siempre querida amiga, maestra.


Dolores Moredas Castillo "Lolilla"

 

 

Rosa en mi corazón


Roseta, ¿recuerdas la última vez que nos vimos? Fue en la Escuela de S. Fernando, en un claustro, porque yo había caído en la Escuela de Rivas. Y la vez anterior, en una manifestación de la Marea Verde, en esos paseos que nos dábamos por el Paseo del Prado y que no me gustaban mucho, ya que yo pretendía acciones más contundentes para hacer frente a lo que se nos venía encima a los profes de Madrid. Como siempre, nos echamos unas risas ¡cuánto nos hemos reído!! Por todo. Y cuántas veces te he dicho que eras la mejor Directora que había tenido y puedo decirlo dado mi paso por tantas y tantas escuelas dada mi condición de profe interina. Porque cuando nos conocimos tú eras la Dire. ¿Te acuerdas de cuando te ponías el traje de chaqueta para ir a la DAT? Era como si te armaras; y te armaste en  una ocasión para defender algo que era muy importante para mí y para tantos profesores interinos y lo conseguiste, no vamos a decir que gracias a tu traje de chaqueta… me habría gustado tanto estar presente para oír tus argumentos… y eso no lo hacen, normalmente, los Directores.

Aquellos tres años en los que coincidimos en la Escuela de S. Fernando fueron estupendos: las meriendas, las cosas que preparábamos, tu mermelada de naranja amarga, las tartas de manzana de Pepa… Cuando yo decía que me iban a dar la definitiva allí, ja, ja, ja. Otra vez las risas. Las tallas de la ropa, que un día eran de la 42 y los siguientes de la 46, y 2 semanas más tarde la 42 otra vez.

Y recuerdas cuando volví de Jordania y te di una piedra para que mostraras a Chico y que dijese qué era? Lo supo nada más verla, el muy profesional!

Todavía tengo cosas que me llevé del Centro Cerámico de Talavera, el día que me acerqué a Alberche con mi amiga Michèle y lo pasamos tan bien y la coincidencia de que tu hubieras sido alumna en el instituto, el Mariana, donde años más tarde yo diera con mis huesos para dar clase.

Y no hemos tenido tiempo de charlar de los que nos alojaron en La Habana, tanto a vosotros como a mí, en diferentes momentos, sobre todo de Héctor, que me parecía un belleza clásica, y más cosas.

Yo sigo aquí, en mi casa rural, ¿no íbamos a abrir una para alejarnos de la gran ciudad y trabajar solo los fines de semana alojando gente y el resto de la semana disfrutar de la vida? Más adelante. De momento sigo paseando mis huesos por las Escuelas de Madrid y peleándome por lo que me parece injusto (no te voy a contar mis luchas ahora, pero llevo ganadas la mayoría!!)

Que sigas tan “gentille”, tan consecuente con lo que dices y haces, tan risueña como siempre te veo.

Siempre estarás en mi corazón

Abrazo fuerte, fuerte

Mely

 

A Rosa González


Rosa, quiero recordarte

llena de luz y de vida,

con tu sonrisa radiante

que rebosaba alegría.

Nos dejaste muy, muy joven,

cuando el otoño teñía

de leonado los campos,

y se acortaban los días.

Tu recuerdo es llama viva

que siempre estará encendida

en el altar de los tuyos,

como una rosa flamígera.

Como una rosa fragante,

que no muere, y está viva

en el jardín del recuerdo

donde sus pétalos brillan.

Como rosa palpitante

que con sus ojos nos mira,

y suavemente nos dice;

no penar, estoy dormida.


Antonio Rubio

 


 

 

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En proceso creativo, disculpen los posibles cambios, erratas, lagrimones, etc.

 

 

De Vez en Cuento

d e v e z e n c u e n t o . w e b s . c o m

Rosa