NOTAS

 

(*) Esta dedicatoria, en la que juego con el doble significado de la palabra Chico, que es mi apodo familiar (el más pequeño de los hermanos), y que a día de hoy la siento tal cual; le gustaba mucho a Rosa, tanto que la pregonaba a los cuatro vientos entre sus amigos, los que iba haciendo nuevos y los de siempre. Por eso la elegí para abrir este apartado dedicado a su recuerdo.

La frase se la escribí en un pequeño papel doblado en dos, a modo de libro, con la primera parte "Sin ti no me siento Chico...." a la vista, en lo que sería la portada, y la segunda, "me siento diminuto", por detrás. Y a continuación en la siguiente hoja le puse: "¿Por qué me quieres parar, si no se para la Tierra, ni los cielos, ni la mar?", versos extraídos de la canción "Con hojas de menta" del primer disco de Lole y Manuel. Lo metí dentro de un sobrecillo artesanal destinado a Rosa, y éste, a su vez, en un sobre normal junto con una carta que iba dirigida a Rosa, Merche y Concha (matasello de 8 de octubre de 1980), a la sazón mis supuestamente apenadas fans tras mi marcha a Málaga. Rosa lo conservaba como un tesoro...


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(*) Los cinco años que estudié Ingeniería Industrial en Madrid, ciudad natal de mi madre, viví en casa de mi tía Marisa, un inmueble de renta antigua en el que habían vivido mis abuelos maternos y sus cuatro hijas. También mis hermanos vivieron allí, con mi abuela Matilde y mi tía Marisa, cuando estudiaron sus respectivas carreras. La vivienda estaba situada en un cuarto piso exterior del número seis de la calle San Quintín, un sitio privilegiado en pleno centro de Madrid. Delante de sus tres balcones estaba (y sigue estando) en primer lugar la Plaza del Cabo Noval, a continuación la Plaza de Oriente y, segidamente, la Plaza de Lepanto; si mirábamos a la derecha, se veía gran parte del Palacio Real y la Casa de Campo, y a la izquierda, cuando no había mucha vegetación por medio, el Teatro Real. Un lujo. Sin embargo yo hubiera preferido vivir el ambiente de un colegio mayor...



Vista del Palacio Real de Madrid desde el 4º-A de San Quintín 6.
El coche que se ve a la izquierda es un Seat 600 o "Seilla"
(Foto: Familia Rguez. de Tembleque Moreno)


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(*) Ni que decir tiene que los horóscopos, los de las revistas, la tele, etc., me parecen una patochada y los signos del zodiaco los ignoraba hasta que un día cayó en mis manos un librito que describía las características de los nacidos bajo uno u otro signo. Lo ojeé y reparé sobre todo en los signos de las personas que sabía su fecha de nacimiento y conocía más o menos bien: mujeres Virgo (Rosa lo era, pero entonces no estaba en mi vida) con las que he tenido una sintonía y unas vibraciones muy especiales; también algunos Aries, como mi íntimo amigo Luis, y en mucho menor medida unos pocos Piscis. Del resto, aparte del mío, que es Acuario, poco puedo decir porque no los tengo controlados. Cuando leí lo que distinguía a los acuarios, me sentí totalmente identificado. También reconocía a las Virgo en lo que de ellas se decía, y a los Aries. Me sorprendió. A partir de entonces empecé a tener cierto respeto a la Astrología, que se fue incrementando con el tiempo cuando fui conociendo más gente de tales signos cuyas personalidades se ajustaban en gran medida a lo descrito en ese libro para cada uno de ellos. Por otra parte, cuando conocí a Rosa y me habló de su carta astral y lo que le había dicho la astróloga, me quedé atónito. Y cuando, pasados unos años, supimos que ésta había muerto joven en un accidente de avión, tal como había visto en la suya, más aún. Rosa tampoco llegaría a vieja y moriría relativamente joven, así que llegó un momento en que se debió asustar y no quiso saber más de su posible futuro (por ejemplo, si iba a tener hijos o no).
Me extrañó sobremanera que Rosa se hiciera la carta astral, pues era una persona con los pies totalmente sobre la tierra. Supongo que fue por acompañar a su amiga, por curiosidad y/o porque pensaría que era una tontería. En todo caso, aunque no lo sea, no le veo la gracia urgar en el pasado, sea éste bueno, malo o regular, pues ya fue y no tiene remedio, o conocer un futuro que no se va a poder modificar si es que realmente estamos predestinados como algunos indicios apuntan.


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(*) Cuando en la primavera de 1980 Rosa estuvo en Londres con Ramón y Ani, yo andaba también por allí de viaje de fin de carrera.



Futuros ingenieros industriales de viaje fin de carrera en Londres:
arriba, Ángela y Luis, Gerardo (el de Cuenca), Julio "Kung Fu",
Luis (?) y un servidor; abajo, María José "La tronca",
Fernando "El pollo" y Benito. Abril de 1980


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De Vez en Cuento

d e v e z e n c u e n t o . w e b s . c o m

Rosa