Rosa y familia
(nosotros los otros)

 


Rosa con mi sobrino Antonio en el teleférico que va de Rosales
a la Casa de Campo de Madrid (Foto: JRT, 2002)

 

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Rosa con mi sobrino Antonio y conmigo junto al Palacio de Cristal del parque El Retiro de Madrid.
Recién cumplidos los 18 años, era la primera vez que Antonio viajaba solo fuera de Málaga,
que venía a Madrid y que vió nevar, entre otras muchas novedades. Se lo pasó genial.
Rosa, a la que tanto quería, le había preparado un programa muy entretenido
(Foto izda.: JRT, 2002)




Con Antonio, junto al cartel de la obra de Tricicle que íbamos ver.
Era de noche y el teatro estaba en la Gran Vía.
Alucinó con las luces y el ambiente
(Foto: JRT, 2002)



Rosa y Antonio en la Plaza Mayor de Madrid.
A él se le ve contento y relajado
(Foto: JRT, 2002)

 

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Los mismos protagonistas años después. En la imagen de la izquierda, en un restaurante;
y en la de la derecha, muertos de risa, viendo la actuación de un showman en El Retiro
(Fotos: JRT, 2012)




Rosa y mi sobrina Carmen, hermana de Antonio,
delante del edificio de Caixa Forum de Madrid
(Foto: JRT, 2011)




Rosa conmigo, mi madre y mi hermana Uti en Cervera del Río Alhama (La Rioja),
el pueblo de la familia de mi abuelo materno. Foto: JRT, 2008

 

En busca del huerto perdido


Mi madre, que el 11 del 12 del 13 cumplió un siglo, durante bastantes años estuvo hablándonos con cierta frecuencia del huerto del tío Gerardo, donde por lo visto pasó algún verano de su infancia: que qué sería de él, que por qué lo venderían, etc, etc. Como es bien sabido, las personas de mucha edad tienden a recordar cosas de su pasado remoto como si hubieran acontecido ayer, entrando a veces en un bucle sinfin de añoranza supina. El referido huerto estaba en Cervera del Río Alhama (La Rioja), el pueblo de su padre, al que no había vuelto desde que su abuela paterna celebró su centenario (como diría mi padre, "se malogró" a los 103 años).

Tanto insistía en el tema, que un día, cuando ella tenía 95 años, le propuse a Rosa llevarla a dicho pueblo para que por fin lo viera y pudiéramos descansar en paz. De paso también lo conoceríamos nosotros, pues tenía curiosidad e interés en saber, cuanto más mejor, sobre todo lo concerniente a los orígenes de mi famila. Rosa como siempre estuvo de acuerdo y yo me encargué de reservar dos habitaciones de fácil acceso para mi madre en una casa rural de San Felices, localidad de Soria ubicada relativamente cerca en un paraje precioso.

Mi madre ya andaba muy mal de los remos inferiores y caminaba con bastón a base de mucho esfuerzo y dolores, pero su espíritu joven (es de la que se apunta a un bombardeo, pero siempre de la mano de alguién, nunca sola) y el irrefrenable deseo de ver el huerto la pusieron en marcha a trancas y barrancas.

Cervera del Río Alhama, famoso por sus alpargatas de esparto, obviamente estaba irreconocible para ella, había cambiado una enormidad desde la última vez que lo vió a principio de los años 30, cuando tenía unos 17 años. El pueblo hoy día no es gran cosa, pero se intuye que debió ser cuando menos pintoresco, carácter realzado por su singular y bello emplazamiento en un tramo de valle encajado que forma un meandro. Además, las paredes y las laderas que delimitan el valle están plagadas de abrigos y cuevas, con lo cual me sentí transportado al Paleolítico. Aparte del enclave, lo que más me sorprendió fue una ermita encaramada en lo alto del pueblo, con vistas panorámicas al mismo. Era diferente a otras iglesias del montón y su techo estaba decorado con frescos de motivos y simbología astrales.


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Motivos pintados en el techo de la Ermita de la Soledad
(Cervera del Río Alhama, La Rioja). Fotos: JRT, 2008


Mi madre vió lo que pudo, sobre todo dió un repaso a las iglesias (la fijación nacional), cerca de una de las cuales, de la principal, vívía entonces su familia; incluso creo que todavía estaba habitada por uno de los descendientes, o al menos su casa se encontraba en la misma estrecha plaza. Lo supimos porque mi madre preguntó a los camareros del restaurante donde comíamos por los García Remón, y dió la casualidad que justo en ese instante uno de ellos acababa de salir de allí, así que lo llamaron y conversamos con él, y por supuesto le preguntamos por el "famoso" huerto del finado tío Gerardo, cuya propiedad, como ya sabíamos, había cambiando de manos. Y allí que nos dirigimos después de comer.

Tras cruzar un arroyo y algún despiste conseguimos llegar al huerto, que como suele ocurrir en estos casos, le pareció más pequeño de lo que recordaba. Desde el camino se adivinaba una pequeña casa de la que también nos había hablado mi madre. Afortunadamente la entrada al recinto estaba abierta y la dueña, que casualmente andaba por allí, salió a recibirnos y muy amablemente nos invitó a pasar. Mi hermana, Rosa y yo entramos, pero hete aquí que mi madre para entonces estaba tan molida de dolores y cansada que no quiso bajarse del coche. Es posible que también estuviera enfadada porque el huerto ya no era de la familia o vaya usted a saber. El caso es que yo no daba crédito, porque por mucho que insistimos se quedó a las puertas de su sueño. De todas formas se alegró mucho de haber hecho aquel viaje y gracias al milagro de las cámaras digitales pudo ver en casa tranquilamente lo que no pudo o no quiso ver in situ.



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Entrada al huerto del tío Gerardo con la casa al fondo, y detalle de la misma.
Cervera del Río Alhama (La Rioja). Fotos: JRT, 2008




Mis abuelos, con sus cuatro hijas, en el huerto del tío Gerardo
(Cervera del Río Alhama, 1926)

De izquierda a derecha: mi tía Pilar, que murió joven y a la que no llegué a conocer;
mi abuela Matilde, la única de mis abuelos que conocí; mi tía Julia, que falleció
con 99 años; mi tía Marisa, con la que conviví varios años; mi abuelo Luis,
que muríó el año antes de yo nacer; y mi madre, que murió en 2014,
con casi 101 años



Mi bisabuela materna Manuela, que se malogró a los 103 años, con sus nietas
en la casa del huerto del tío Gerardo (Cervera del Río Alhama, 1926).
Mi madre es la que está haciendo punto a la derecha de la imagen.
Se echa en falta a mi tía Marisa



Mis abuelos maternos junto a la casa del huerto del tío Gerardo
(Cervera del Río Alhama, 1926)



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Rosa con su suegra en la casa de ésta (Foto: JRT, 2012)

En los veranos de 2011 y 2012, en lugar de irnos como otros años quince días de viaje fuera de España,
nos fuimos, por sugerencia de Rosa, a Málaga para estar cerca de mi madre, entretenerla y animarla; ya que
en el 2010 había empezado a necesitar silla de ruedas para moverse y cada vez eran más complicados
y difíciles sus desplazamientos, por lo que después de muchísimos años, en 2011 y muy a su pesar,
dejó de ir a veranear a La Granja, pueblo de la provincia de Segovia que tanto le gustaba




En un fin de año en casa de mi hermano Jesús e Isabel. De izquierda a derecha: mi hermana Uti,
mis sobrinos Pablo, Maricarmen, Antonio, Jesús, Luis e Isabel; mi madre y Genoveva,
suegra de mi hermana Chiqui, que se encuentra a continuación; su marido Antonio,
servidor, Rosa, mi cuñada Yiyi, mi hermano Luis y mi otra cuñada Isabel

Si no me falla la memoria creo que es una de las dos veces que hemos celebrado el fin de año
fuera de la casa familiar; y debió de ser tras la muerte de mi padre, a mediados de los 90

 


En la misma fiesta. De izquierda a derecha: Rosa, Yiyi, Luis, Chiqui, Isabel,
mi hermano Jesús, Uti, Pablo, Maricarmen, Antonio y Jesús

 


Rosa, junto a Manolo y Rosa, los padres de Yiyi y suegros
de mi hermano Luis, en una celebración familiar




Con mi cuñada Yiyi y mis hermanos en una comida familiar
en Málaga, 2011






Con mis sobrinos, fin de año de 2011. De izquierda a derecha:
Luis, yo, Pablo, Rosa, Maricarmen, Jesús y Antonio




Con mi hermana Uti, fin de año de 2010

 

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En proceso creativo, disculpen los posibles cambios, erratas, lagrimones, etc.

 


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