Rosa antes de mí (II)


 

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Rosa en la Plaza Mayor de Alberche, entonces sin asfaltar, vestida con pantalones campana
y el jersey azul con muñequitos que le hizo su madre y al que hace
referencia Francisca en su testimonio



Por qué me marché a Londres


¿Por qué me marché a Londres?. Quizá simplemente porque en mí había un cierto espíritu aventurero y porque, como he dicho anteriormente, en el Instituto se me acrecentó el gusanillo de conocer mundo, de saber, de aprender.

Qué necesidad tiene de salir de casa alguien cuyos padres dan plena libertad a los hijos. Yo nunca tenía que pedir permiso para ir de excursión con el colegio. Nunca teníamos que preguntar "¿Me dejas?". En cambio había compañeras a las que sus padres nunca "dejaban". Con mis padres no tenía ningún problema porque siempre fueron muy abiertos. Cuando terminé COU les dije que quería marcharme a Londres para aprender Inglés, y no solo no se opusieron, sino que me animaron; pero no podían ayudarme económicamente, me dieron mil pesetas por si surgía alguna emergencia y así poder hacer una llamada a casa. La llamada a casa se hacía a través de una centralita, yo no podía llamar directamente.

Recuerdo que aquél verano de 1975 hubo un asesino en Londres que, creo recordar, se cargó a tres enfermeras muy jóvenes. Podéis imaginar a mis pobres padres: yo allí, en Londres sola, y tan joven. Cada vez que lo pienso soy más consciente de que ambos, tanto mi padre como mi madre, fueron unos adelantados a su época.

Mi hermano también tenía algo de aventurero. Cuando le tocó hacer la mili, se enroló en la Legión, donde es probable que aprendiera más y conociera a gente más interesante que si hubiera hecho la mili que hacían todos los chavales de la época.

En aquél momento, cuando una chica quería aprender Inglés, lo normal era buscar trabajo de au-pair, cuidando niños y viviendo con una familia. Así se tenía vivienda y una familia con quien hablar Inglés. Lo cierto es que, en la mayoría de los casos, la estudiante limpiaba mucho y hablaba bastante poco Inglés. Yo jamás hice ese trabajo. Yo necesitaba libertad e independencia. El trabajo más parecido a au-pair que hice fue el de cuidar a un perro, a Mr. Paddington. Esto más que un trabajo resultó ser un chollo. Los dueños de Mr. Padigton eran los que, unos años más tarde, serían llamados yuppies (Young Executives). Yo vivía en un apartamento de super-lujo, muy cerca de la embajada española, en Belgravia, exactamente en el nº 3 de Eaton Place.

El mejor sistema para encontrar un trabajo era a través de la escuela a la que asistías a clase, pues solía estar llena de anuncios. Fue allí donde me enteré que una japonesa volvía a su país y dejaba libre su trabajo, que consistía en cuidar a Mr. Padigton.

Un poco de mi historia. Rosa González Colilla, 28 de septiembre de 2013
(extraído del blog de Rosa)

 

¡Oh, sorpresa !, apareció Mr. Pagditon
en un sobre con fotos antiguas
(Londres, 1978)

A la derecha Rosa posando junto al nº 3
de Eaton Place, en Chelsea, Londres
(Foto: JRT, 1987)

 



En el centro Rosa y Maribel en el barco
que les llevó de Bilbao a Londres
y viceversa. 1976




Maribel y Rosa en el citado barco. Detalle de la foto anterior


Rosa en Londres, septiembre de 1976. Probablemente la niña que está de espaldas delante de ella sea la hija de su amiga venezolana Maribel, de la que por lo visto estuvo locamente enamorado Leo.

Rosa ha tenido siempre problemas de sobrepeso, por lo que se pasó gran parte de su vida a dieta, siguiendo distintos regimenes. Se los sabía todos. "Lo difícil no es adelgazar, sino mantenerse delgada, y muy especialmente a partir de cierta edad", decía. También contaba que fue después de que le extirparan las amígdalas, desgraciada tendencia de la médicina de entonces, cuando empezó a engordar. Lo que si es seguro es que se quedó sin defensas y durante muchos años se pasó meses tosiendo con una tos seca. Era terrible y agotador. Hasta que un médico de la Seguridad Social, loado sea, le prescribió una autovacuna que la curó y acabó con la maldita tos. Y no volvió a toser así, con esa virulencia y constancia, hasta que el tumor dio la cara. Afortunadamente con los corticoides desapareció también dicha tos.


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En la foto de la izquierda, Rosa con Leo y Virginia, la hija de Maribel, en Madrid (Feb. de 1977);
y en la imagen de la derecha, con Ani, en el puerto de Melilla, cuando fueron a visitar a Ramón
que estaba haciendo la Mili en la Legión, y eso imprime carácter, y viceversa (Dic. de 1975).
Un compañero del tercio le enseñó a trabajar cuero y durante bastantes años
estuvo haciendo bolsos, carteras y otros artículos de marroquinería

 

En ocasiones, cuando estaba más rellenita, tenía un cierto aire a Pedro Almodovar
(La Sánchez se lo dijo más de una vez), pero era mucho más guapa y femenina
que el manchego (Dic. de 1975)

 

 

En la boda de su hermano Ramón (1979). Aunque parece una niña tenía entonces 23 años.
De izquierda a derecha, su sobrina Virginia en brazos de Ani (la novia), Rosa,
su hermana Rocío y su hermana Concha, que debía tener 17 años.
En segundo plano y de espaldas su primo Rafa,
y al fondo a la derecha su tío Patro
y su mujer, Vicenta Peletero

 


Rosa con sus hermanos Rocio y Ramón, y su recien estrenada cuñada Ani
-blanca y radiante- en Alberche del Caudillo, que así se llamaba el pueblo entonces,
e incluso hoy día figura dicho nombre en el cartel de la Plaza Mayor
y en los programas de fiestas del pueblo a pesar de que desde
la democracia todos los gobiernos han sido socialistas


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Rosa, con un amigo de su hermano Ramón y con Ani (izda.), y sola, en el recinto de la piscina de los Pecci.
A Rosa le encantaban las flores y las plantas, y también los árboles y los huertos, todo tipo de vegetación


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Rosa, en los jardines de la Plaza Mayor de Alberche (Toledo), sola y con Ani.
Qué raro se me hace verla con un cigarro en la mano.
Todas esta fotos son de mayo del 79

 


Rosa, en su querido Londres, en el viaje que realizó con Ani en abril de 1980.
Lo que son las cosas, justo por esas fechas andaba yo por allí (*) en viaje
de Fin de Carrera. Era mi primera estancia en dicha ciudad, entonces
muy diferente a cualquiera de Europa y no digamos de España



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Rosa leyendo un cartel cerca de Saint Paul Cathedral (izda.) y con Ana Pecci,
ya cuñada, en el palacio de Buckingham (dcha.). Abril de 1980


Rosa pasó en Londres cuatro veranos. Allí aprendió a hablar inglés muy bien, y esa inversión la rentabilizó el resto de su vida. Gracias a ella tuvo trabajo siempre, y pudo moverse por el mundo sin problemas. En el viaje que posteriormente hicimos por Gran Bretaña en 1987 y en muchos otros viajes que hicimos por Europa y otras partes del mundo, más de una vez la felicitaron por su acento y fluidez; y en España, siendo maestra, no tuvo problemas para encontrar trabajo dando clases de inglés en colegios privados. Y eso que en ocasiones competía por el puesto de trabajo con licenciados en Filología Inglesa, muchos de los cuales sabían más gramática que ella pero apenas chapurreaban la lengua, como le ocurria entonces (y me temo que ahora) a la inmensa mayoría de los españoles que la habían estudiado, frecuentemente más de una vez, con la consiguiente frustación.

Como en aquella época tenía muy poco dinero, caminaba mucho, por lo que se conocía Londres como la palma de su mano, todavía mejor que Madrid, que ya es decir. Los que hemos tenido la fortuna de visitar Londres con Rosa hemos podido comprobar de qué manera se movía y se desenvolvía por esa ciudad y como conocía hasta sus más recónditos rincones. Una guía de lujo con la que te dejabas llevar encantado.

Ya estando conmigo, año tras año, o uno sí y otro no, solía pasar algunos días en Londres o en Oxford, donde tenía amigos, para refrescar su inglés y ponerse al día de la evolución del idioma, comprar libros, ir al teatro, etc. A veces iba con alguien, pero otras se marchaba sola.




Rosa y Ani en Londres. Abril de 1980

 

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En proceso creativo, disculpen los posibles cambios, erratas, lagrimones, etc.

 


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