Rosa antes de mí

 



Rosa, niña, en Alberche




Rosa, en segunda fila a la izquierda, con otros niños, entre ellos
los hijos de su tío Patro, en una playa de Galicia

 

Rosa nació en Gamonal, provincia de Toledo, el 19 de septiembre de 1955.
Era una auténtica y genuina Virgo, signo zodiacal con el que, por lo visto, en el caso de las mujeres, suelo conectar y tener una relación personal o una vinculación astral especial, a veces intensa. Mi otro gran amor, previo a Rosa y casi platónico o desde luego no consumado, es también de dicho signo, al igual que mi hermana mayor, de joven una musa. Me gusta el carácter de las mujeres Virgo: suelen ser independientes, racionales y realistas (con los pies en el suelo), pragmáticas, ordenadas dentro de un orden (no maniáticas del orden), etc. Lo que para otros hombres son bichos raros, a mí al parecer me atrae; y por lo visto, viceversa.
En cuanto al lugar de nacimiento debo decir que, casualidades de la vida, el origen de mi familia partena es también toledano, como delata mi primer apellido, Rodríguez de Tembleque, es decir, de los descendientes de Rodrigo, los que procedían de Tembleque, pueblo de la provincia de Toledo a 40 km de Herencia (Cuiudad Real), el pueblo de mi progenitor. Mi padre, además estudió dos años en el Instituto de Toledo y yo tuve que hacer el trabajo de campo para la realización de mi tesis doctoral en dicha provincia.

Rosa era hija de Cirilo, perteneciente a una familia de capadores, y de Visitación. Su abuela materna quedó huérfana muy joven, ya que sus padres y hermanos murieron de una triquinosis tras comer cerdo, siendo ella la única sobreviviente; así que, apenas moza, la casaron con un “señor” que era nada menos que Juez de Paz y al que le gustaba moderadamente el vino.


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Los padres de Rosa: Visitación Colilla y Cirilo González


A izda., Cirilo, hecho un dandi,
con su tío Benigno en Burdeos

Y ya mayor, tocado con gorra,
tal como yo lo conocí


Cuando Rosa tenía cuatro o cinco años su familia se trasladó a Alberche del Caudillo, pueblo entonces recién fundado y uno de los últimos pueblos construidos en relación con el llamado Plan Badajoz (*). A pesar de su corta edad se acordaba de cosas de su infancia en Gamonal.

En Alberche sus padres llevaron la panadería del pueblo. El olor a pan impregnaba toda la casa. Y lo que son las cosas, al poco tiempo de vivir con Rosa entré a trabajar en la Administración, concretamente en el Ministerio de Economía y Comercio, y mi primer trabajo fue sobre el sector del pan (fabricación, comercialización, etc.).

 



Rocío (tercera por la izquierda), hermana mayor de Rosa, montada con otras niñas
en una carroza durante una de las fiestas de Gamonal

 



Rosa disfrazada de primera comunión. A Rosa siempre le ha sobrado la ropa.
Contaba que el día de autos le pusieron unas bragas de perlé,
que le picaban un montón; así que, sin más, se las quitó.
Cuando su padre lo descubrió le dió una buena zurra.
En estas fotos se parece mucho a Elena,
su sobrina-nieta, que ya no conoció

 


Rosa (izda.) con sus hermanos Ramón y Rocío
en Alberche




De izquierda a derecha, su hermana mayor Rocío, una Rosa renacuajo,
su hermano Ramón y su padre Cirilo, en la puerta de su casa. Alberche




Rosa y su hermana pequeña, Concha, en la fuente de los caños,
jardines de la Plaza Mayor de Alberche (Toledo)



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Rosa con un polo en la mano en la piscina de Patrocinio, y con Mari,
hermana de su cuñado Julián, en Alberche

 


Bailando con unas amigas en alguna parcela de Alberche
cercana al pueblo. De izquierda a derecha, Rosa bailando con Uge,
Aurora con Mari, y su prima Paci con Mariángeles




Rosa bailando con las mismas amigas en el puente de la vía del tren, Alberche.
De izquierda a derecha, Rosa, Aurora, Mariangeles, Mari, Uge y Paci; todas, menos Rosa,
trabajaron de dependientas en el supermercado de Amparo, que estaba en un local
de la casa de los padres de Rosa al lado de la panadería




Rosa con su prima Paci y unas amigas en Alberche.
Detrás, a la izquierda, se ve parte de un secadero de tabaco
y también se intuye otro al fondo a la derecha.
Delante, Paci, Rosa, Mariángeles y Uge;
y en segundo plano, Mari y Aurora


Rosa con una expresión dulce
y una carita toda sonrisa

 

Flore


Cuando nació Rocío, mi hermana mayor, Flore era una niña de 9 años que se vino a vivir con mi familia y fue parte de ella hasta el día en que se casó y formó su propia familia. Empezó a cuidar de Rocío por las tardes, al salir de la escuela, pero al hacerse mayor dejó el colegio.

Mi madre, además de cuidar de Rocío, de Ramón y de mí -Concha aún no había nacido- "cosía para fuera" con el fin de complementar la economía familiar, ya que no había sueldos en casa y la panadería apenas daba para vivir (*), así que hacía jerseys y trabajaba como modista, además de vender pan en el despacho de la panadería. Siempre fue una artista y tenía unas manos maravillosas para hacer todo tipo de labores, además de tener muy buen gusto.

Flore ejercía de hermana mayor. Siendo yo pequeña, me asustaba mucho cuando alguien moría en el pueblo y, esa noche, no tocaba dormir. Pasaba la noche temblando de miedo y Flore aguantaba el tirón a mi lado hasta que en la madrugada, por fin, yo caía rendida y le dejaba a ella también dormir.

Otras veces, mientras yo no podía conciliar el sueño, Flore aprovechaba el tiempo para planchar el uniforme del colegio de Ramón, El Electrón, o mi uniforme, uno horrible de color gris muy tieso que me arañaba a la altura de las rodillas. Qué uniforme más feo!

Recuerdo perfectamente alguna de aquellas noches. El día que murió Miguel Ángel -el carnicero- fue impresionante porque era muy joven, pero además se debió a un accidente de tráfico -entonces había muy pocos coches, esto debió ser en torno a 1960-. Los accidentes de tráfico no eran muy frecuentes y menos aún entre jóvenes. Pocos podían permitirse tener un coche, de hecho Miguel Angel lo tenía porque lo usaba para su trabajo.

Cuando yo estaba asustada y no podía dormir, Flore me daba su mano con los tres dedos inmóviles por una quemadura, el meñique, el anular y el corazón; aquella mano me proporcionaba toda la serenidad, seguridad y sosiego que en aquel momento necesitaba para tranquilizarme y quedarme dormida.

Al transcurrir los años, esa mano siempre ha seguido estando ahí en los pocos momentos difíciles que afortunadamente he tenido a lo largo de mi vida. Sólo el hecho de imaginarme agarrada a ella, me sigue proporcionando el calor, sosiego y serenidad que necesito.



Rosa con Flore cuando fue a verla a su casa en Gamonal después del fatal diagnóstico.
En estos momentos -dice al final de su texto- me consta que, gracias a esa protección no he sentido miedo y es tu mano la que me está dando toda esa fuerza
que ni yo misma sabía que tenía.


Flore y Madaleno, jóvenes y guapos
(Foto getileza de Flore)

Homenajes. Rosa González Colilla, 20 de marzo de 2013
(extraído del blog de Rosa)

 



De izquierda a derecha, Rosa, Ani, Ramón y un Citroen Dos Caballos que conducía Rocío,
en el Arroyo de Los Caños, término municipal de Alberche (Toledo)



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Rosa, de joven, en Alberche (1971) y con su prima Esther en Madrid (Dic., 1971)

 


Rosa, de rodillas a la derecha, en una fiesta en Calera y Chozas (1971)

 


Rosa con su familia en la boda de Olvidito, que se casó con el pintor Pablo Pombo.
(Madrid, diciembre de 1973)

Siguiendo las agujas del reloj y empezando por la izquierda:
Su hermano Ramón, en aquél tiempo imberbe, con Ani (otra bonita historia
de amor duradera); su hermana Concha, adolescente; su padre Cirilo,
su tía Olvido, su madre Visi, Rosa, su hermana Rocío
y sus primas Olvido y Esther.


Curso 1972-1973

Noviembre, 1971

Curso 1973-1974



El instituto, un mundo nuevo


Antes de ir al Instituto, yo había estado en un colegio de monjas. A diferencia de las monjas de toda la vida, éstas no usaban hábito y vestían de seglares, sin embargo ahora no sabría decir si este hecho significaba que eran más progresistas.

En el año 1974 hice COU en el Instituto de Enseñanza Secundaria "Padre Juan de Mariana", en Talavera de la Reina. Se trataba de un Instituto al que, no sé muy bien por qué motivo, quizá porque estaba recien creado, fueron destinados un numeroso grupo de profesores muy jóvenes y con ideas progresistas. Un detalle importante, para que podáis haceros una idea de qué clase de profesores se trataba, es que nos llevaban a Madrid al cine o al teatro. Nos solían llevar a las entonces llamadas Salas de Arte y Ensayo. Creo recordar que fue entonces cuando ví Belle d'jour, la película de Luis Buñuel. Nos hablaban de los griegos, de la homosexualidad en el mundo clásico. Cuesta creer que, después de tantos años, la homosexualidad siga siendo un tabú.

Aquél año fue el primero de COU, pues antes se llamaba PREU. Llegar al Instituto fue para mí el descubrimiento de un nuevo mundo. Y lo más importante en ese descubrimiento fueron los profesores, que disfrutaban enseñando. Lo que interesaba a aquellos jóvenes docentes era despertar en nosotros, sus alumnos, el placer de aprender. He de hacer una mención especial a María Jesús Sandoval Alonso, profesora de Griego, que además de enseñarnos griego, nos ayudaba a preparar otras asignaturas, como por ejemplo, de inglés o matemáticas. Aquella era una profesora con mayúsculas. También fue esta profesora quien nos explicó la relevancia del atentado de Carrero Blanco. Cuando aquel atentado tuvo lugar, los que teníamos griego como asignatura optativa, estábamos en clase con ella. En aquél reducido grupo de alumnos estaban, entre otros, Elena Colilla (no estoy segura),  Santiago Manzano, Inmaculada Chinchón ("Macu") y Virginia Gil. Con ella, además, conocimos la música de Cat Stevens, que, por cierto, sus padres o abuelos, creo recodar, eran de origen griego.

Os estoy contando todo esto como preludio a lo que pretendo contaros a continuación: el por qué de mi marcha a Londres en el año 1975, y es que fue en el Instituto donde surgió en mí el deseo de conocer otros mundos.

Un poco de mi historia. Rosa González Colilla, 28 de septiembre de 2013
(extraído del blog de Rosa)

 


Rosa, la tercera por la izquierda de la primera fila, con sus compañeros del Instituto
de Talavera de la Reina. En el centro, muy sonriente, Inmaculada Chichón "Macu"
en aquella época muy amigas, y junto a ella, a la derecha, Elena Colilla (Nº 23).



Rosa, abajo en primer plano, con amigas y compañeras del Instituto
Juan de Mariana de Talavera de la Reina (Toledo)



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Mayo de 1976

 

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